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Recordando a Bosé es una obra anecdótica en la cual el autor, Orlando Mejía Rivera, bajo la excusa del recuerdo, narra la historia de Ricardo Valenzuela en su primer semestre de Medicina en la Universidad de Caldas. Creo que podemos considerar varios puntos a favor de la primera propuesta escenográfica; por ejemplo el hecho de usar el recuerdo para crear literatura; se apela entonces a la idealización nostálgica de dicho recuerdo (y más en una novela que raya en lo auto-biográfico), se mitifica entonces la juventud. Esta idealización escapa al realismo, pues en el recuerdo las cosas se vuelven palabras en el intento de concretizar y volver a atrapar lo que se fue (operación contraria al sueño, en el cual las palabras se vuelven cosas o imágenes).

Al volver las cosas en palabras se crea un relato de pocos elementos y de muchas alusiones (ilusión, alusión, alucinación), estas alusiones son constantes en la novela, casi que la inclusión de la música y de la literatura son desesperadas formas de ambientar al lector en una época definida por Mejía entre la bohemia de los ochenta en Manizales y el amor juvenil. Otras cosas-palabras aludidas para ambientar son los conflictos políticos en la Universidad, las revueltas en contra de Turbay y la condición de amistad o camaradería. Sin embargo como dije anteriormente, estas alusiones son muy artificiales, casi que textuales.

De esta manera la escenografía y los elementos se proponen como una idealización de los espacios, en cuanto al quiebre de los límites. Quebrar los límites de un lugar es volverlo No-Lugar y es esta la primera consideración de la propuesta. Como tal No-Lugar es inconcebible se propone la herramienta audiovisual llamada casualmente Sin-Fin. El Sin-Fin es un lugar en blanco sin referentes espaciales u objetuales; por tal razón no permite la comparación de tamaños entre las cosas ni la concretización de un lugar específico. En conclusión la propuesta pretende que el piso, el fondo y los laterales sean blancos, la iluminación debe cuidar el efecto de totalidad, pues no es un espacio en el texto o entre textos, sino un No-Lugar. Estos espacios blancos serán pintados con luz, según se dirija el recuerdo y la situación. La fuerza del No-Lugar se da entonces en relación a los lugares aludidos por medio de iluminación, actuación y elementos esporádicos que aparezcan en escena.