FABRICANDO LA IMAGEN – COMENTARIOS SOBRE LA EXPOSICIÓN DE ERNESTO ORDOÑEZ EN LA BIBLIOTECA DEPARTAMENTAL DE CALI – 2012.

A Algunos les importa que sea verdad – o – el origen de la imagen (a modo de introducción).

En el mundo hay periodistas, también hay sujetos que están sujetos al dato y tienen la necesidad de un mundo comprobable y manejable. Estos sujetos le suelen atribuir a la imagen un cierto valor de verdad, la toman como una prueba irrefutable de algo, una forma de ilustrar lo que ya se sabía de antemano, lo dicho por un texto, extirpado de la figura. Estos sujetos no suelen ser los artistas que contrario a ello ven en la imagen un mundo tan complejo como el que forman sus propios ojos (otra imagen), ven la imagen en sincronía con el texto, con el mundo, la imagen total, la de la obra.

Ordoñez expone en la Biblioteca Departamental De Cali una serie de imágenes totales, un compendio de fantásticas tomas, mediadas por la intención de revelar lo artificial en lo fotográfico. Sabemos que la fotografía ha tenido en nuestra historia una tradición de índice o prueba de realidad, de este modo nos hemos inundado de imágenes y de fotos a tal punto que no nos damos cuenta que estamos repitiendo las figuras y las configuraciones, una y otra vez, como encerrados en un bucle. Inundaciones, asesinatos, destinos morales y educativos, la televisión para educar, guerrilla y violencia, policías y ladrones, goles y doping, piernas y reinados, etc. No hemos visto más a pesar de que tengamos la ilusión de una historia, la ilusión de más nitidez y una hiper-definición y de unos acontecimientos importantes. Es cierto que ha habido ciertos hechos polémicos, aparentemente trascendentales, exóticos o extraordinarios sin embargo siempre caen a un fondo común, a una fosa común de temas. Cabe anotar que no hablo de la realidad ni de cada una de las infinitas historias de vida de nuestra gente, como nos han etiquetado, sino más bien del digerido plato mediático donde no cabe lo particular, sino que más bien se repiten las tomas filmadas de viejas inundaciones y de viejas tomas guerrilleras, la imagen ilustra y de esta forma se doméstica.

Las fotografías de Colombia -en el Tiempo-, las postales de los paradisiacos lugares de este país, el reportaje de guerra, las carnales crónicas de Pirri (A quien se le ha comparado con Jaime Garzón) son figuras congeladas, iconos iconoclastas de una baraja de males que nos azotan y de bendiciones que nos bendicen; nuestra fauna congelada, nuestra guerrilla congelada, nuestra selección de futbol congelada, un país nevera.

La imagen Total  y las funciones semiológicas.

Ordoñez expone en la Biblioteca Departamental De Cali una serie de imágenes totales, mediadas por la intención de revelar lo artificial en lo fotográfico. La fotografía como aquello que existió en un momento determinado o escritura de la realidad es puesta en cuestión con la pintura de Ordoñez, apelando a la idea de lo maravilloso con sutiles Impertinencias semióticas dentro de una imagen que previamente ha sido instituida por los dispositivos de comunicación masiva.

Es un tipo de surrealismo entendido como la ejecución de intervenciones semióticas dentro de la convención de realidad o dentro de su representación; lejos de la vanguardia que todos conocemos, este surrealismo es la herramienta clave en la pintura de Ordoñez y la que apela a esa idea de lo maravilloso; en este caso lo maravilloso proviene de dos cosas, la primera de ellas es la distancia que se revela entre lo cotidiano y nosotros cuando la escena está pintada (y no fotografiada, una sobre-mediación), y lo segundo son los detalles mágicos o extra-cotidianos que no identificamos como extremas “surrealidades”. Es un juego muy sutil el de Ernesto Ordoñez.

El cuadro de la pareja en el rio es una escena donde nada de lo representado es descabellado, ningún detalle parece ajeno a la propia escena, con naturalidad vemos el cráneo y los extraños acercándose, como una escena posible, posible dentro de todo lo que hemos visto en el global de imágenes que a diario recibimos. Todos los cuadros poseen esta ambigüedad, la ambigüedad de un posible pero extraño momento. En ese sentido son imágenes totales, pues niegan la realidad pero nos hacen creer en otra posibilidad. Es aquello que en literatura apela a lo fantástico o a la realidad que preferimos (recordemos los cuadros de Ordoñez donde el artista crea exóticas criaturas y las inserta en nuestro congelado ecosistema – usa postales y fotos -)

Nota sobre el color.

El color usado por Ordoñez es un color lleno de contrastes bruscos entre las figuras, casi sin matices suaves ni colores pasteles. Estos pasteles los usa solo en el caso de que la figura representada tenga esa carga patética y hermosa como por ejemplo las fachadas de las casas de barrio. El uso del acrílico denota una intención figurativa, una atención a la concepción de escena y concepción de lo extraordinario sirviéndose del colorido panorama tropical. Son fotos y nuevos escenarios pintados, donde el empaste y los valores plásticos pasan a un segundo plano en una buena ejecución del color. El resultado tiene que ver con las postales y las impresiones masivas en revistas y periódicos, a mi modo de ver la intención no es crear contemplativos paisajes ni manifiestos del pigmento, sino postales, nuevos suvenires, violentas formas de recordar un país levemente descuadrado. Por ende el resultado final de esta pintura obedece a un interés publicitario y semiológico del artista, que se complementa con sus propuestas escultóricas.

Titulaciones.

No es lo mismo titular una obra como SIN TITULO a dejarla literalmente sin ficha técnica ni pistas sobre su contenido, sin índice. Esta carencia de índice indica varias preocupaciones de Ordoñez que a mi modo de ver son, revelar la imagen como un producto de consumo, listo y predeterminado a los hechos históricos (recordemos que la imagen periodística se suele repetir) y también dejar al libre albedrío la interpretación del cuadro.

La imagen como producto no necesita de títulos, así como cada lata de sardinas no necesita de nombre, ni cada cliente de los supermercados necesita de su nombre a la hora de comprar. Por lo tanto Ordoñez sabe que el espectador que ve el cuadro identifica la imagen como una escena posible y familiar, una escena que a pesar de no saber de dónde viene, sabe leerla de antemano; o sea que Ordoñez se sirve de la misma repetición mediática para crear su propuesta plástica. Sin importar que sea mentira o no, la plantea, la pone ahí para que se lea una foto-en-una-pintura, con algo extraño, una leve apelación al asombro como dice Wilson Nieva.

En segunda instancia, Ordoñez deja al libre albedrío la interpretación de la imagen suponiendo que el espectador posee un conocimiento previo de la escena, pero también supone que este espectador es sensible a las condiciones de la imagen. Es quizá esperar mucho de la gente, quizá una confianza en los lectores y de su saber previo, confundirlos para que cuestionen y por fin entablen una relación critica con el cuadro y con el resto de imágenes que ven a diario. No hay índice, ni títulos, ni ficha técnica, no importa que sea mentira, ni que el público la lea mal; no hay lectura errónea sino acomodada, acomodada a la creciente indigestión visual de todos nosotros.

Neumático.

La propuesta escultórica de Ordoñez hace parte de una gran investigación en torno a la mimesis y la plastilina, a todo lo que conlleva la trampa de ojo y el material usado, además de la escogencia de los objetos trasparentados por su doble maleable y efímero. Experto en crear esos dobles, inquietantes y casi que malignos por manifestar nuestra simpleza perceptiva, Ordoñez expone esta vez un neumático con todo y parches de plastilina, denotando la capacidad para divertirse a la hora de crear la obra. Un juego que toma serias connotaciones y que cuestiona fuertemente el momento perceptivo de la imagen, es decir, pone en duda el momento en que asumimos las convenciones y tenemos certezas acerca de la naturaleza de las cosas. Esta es una de las operaciones más importantes no solo del trabajo de Ernesto Ordoñez, sino del arte en general.

B. Huertas.

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