OBRAS Y PREMIOS CALCO – CRÍTICA A CALCO, CALI JOVEN Y CONTEMPORÁNEO – OCTUBRE 2012 – EXPOSICIÓN EN EL CENTRO CULTURAL DE CALI.

Calco – Cali joven y Contemporáneo.

Es necesario dar más de un par de pasadas por el Centro Cultural de Cali para encontrar una gama de valores pertinentes y poder hablar de las obras expuestas bajo la convocatoria Calco. Son obras de muy difícil aceptación, no son propuestas fáciles (con lo cual no quiero decir que las haya, o que por ejemplo una pintura sea más fácil), sino más bien que son propuestas que intentan generar múltiples sentidos en afanes conceptuales, derrochando símbolos e incluso descuidando los problemas formales de las obras. Esta aseveración más que una crítica negativa es una forma de entender la intención y la preocupación de muchos de nuestros artistas y sobre todo relacionar sus objetos con un estado del arte más profundo. En el acta de premiación se expresa que el uso de materiales precarios y austeros produjo propuestas que nos remiten a estéticas ligadas al contexto. Sin embargo en ello hay sutiles problemas, que como grietas pequeñas pueden debilitar un monstruoso edificio de 15 pisos.

Dejando atrás nuestros primeros comentarios tales como “es una muestra interesante”, o “hay obras importantes” e incluso intentando superar el nivel medio de in-entendimiento propongo una lectura más allá del reconocimiento-positivo, más allá de que en la ciudad se gradúan muchos artistas y no hay espacios; es gente que está haciendo cosas. Este reconocimiento es un arma de doble filo. Por otro lado es necesario también insertar estos objetos en el universo del que intentan despegarse cuando son exhibidos en el tradicional museo. No se puede decir que no hay obras de mucha importancia y belleza, sin embargo es bueno intentar explicar por qué.

Los premios.

Sistema para avistamiento es sin duda la obra más importante de la muestra y merecedora del primer premio, a pesar precisamente del derroche de símbolos, materiales y connotaciones[1]. A mi modo de ver esa es precisamente la osadía de Salazar. El artista tiene una intención clara más allá de significar con cada cosa que plasma; tiene una visión global, como un arquitecto o un reciclador, ya que se propone una sola meta: parasitar el espacio del museo, casi tele-transportar un espacio contrario, como voltear una maleta deportiva develando así sus hilos mal cosidos, su tela de fondo, su tejido y los compartimiento secretos.

Como lo hizo en la curaduría Desde el malestar en Casamata, logra invadir el terreno de la sala de exposición, creando otro sub-espacio delimitado por un muro de madera, como un meta-muro, un meta-lenguaje que habla precisamente del lenguaje museístico. Irrespeta por ahí derecho al resto de las obras al dejarlas por fuera de su espacio de avistamiento.

Una cuestión para reflexionar es el uso de símbolos y la intención ingenua de que cada-cosita-signifique. Tengo mi postura personal frente a esto, ya que pretender que cada cosa que el artista ponga en una obra-instalación tenga un significado determinado por él mismo es tanto como pretencioso como imposible; el uso de una instalación de bombillos, conectados en circuito paralelo, en la cual el cable está puesto evidentemente para su avistamiento, los grabados sostenidos por alfileres naturales, el contenido de los grabados (grabados muy bellos y de muy buena técnica, no sobra decir), la madera despeinada, las tablas plateadas y demás elementicos que forman un gran conjunto (Sistema), a veces da la impresión de que lo vital sea tener muchas posibles connotaciones, como pescar en rio revuelto.

En este sentido hay un problema que Krauss ha identificado en sus análisis del marco con respecto a la delimitación de las obra de arte; es obvio primero que todo que no hay un significado determinante en cada cosita puesta en la instalación, segundo es obvio que la suma de cada cosita genera un tipo de sentido digámosle general y tercero ¿hasta cuando dejar de sumar cositas? ya que si bien la obra es delimitada por un muro de madera despelucada, hay cables, bombillos, hay tablas por fuera de la falsa pared y además es una obra parasito, una obra que no existiría sin el museo, entonces ¿también contamos el museo? Un parasito es un organismo que vive a costillas de otro y que en ocasiones ese otro lo necesita, como parte de un ciclo y un equilibrio biológico. En este caso el museo hace parte de la instalación, así como las gradas para bajar a ver la obra, las dos salas, el suelo, el vigilante y la rígida guía que pusieron, el ambiente high de la madera pulida y de color madera que tienen los auditorios en el Centro Cultural; es parte de la instalación el congelado ambiente de oficina, la comunicación asertiva del ambiente empresarial y político. Y todo esto hace parte del montaje por la sencilla razón de que el parasito se alimenta de ello, al punto de que puede llegar a perjudicar tanto su anfitrión que terminan siendo uno.

En este punto nos damos cuenta de una paradoja y por generar todas estas reflexiones, creo que es la obra más importante de la muestra, resulta un sistema de avistamiento con toques plateados, brillanticos que hipnotizaron a nuestros indios, grabados muy bellos que a su vez son tributo al grabado mismo como técnica. Derroche de símbolos porque no nos queda más que símbolos hoy que todos tenemos la sensación de ser muy racionales, pues los discursos de la razón se han colado hacía las filosofías espontaneas, formulaicas nuevas de la oralidad del consumo y la superación personal.

Objeto del deseo #3, es una obra que revela un universo y una mirada particular proveniente de la artista Natalia Betancourt; mediante el vídeo desnuda el fetiche y al revelarlo desnudo re-configura su matiz del deseo hacía un matiz trágico, evidenciando la carnal relación entre deseo y tragedia.

El emplazamiento de la obra nos sugiere una posición, un punto de vista particular, vulnerabilidad incluso del mismo aparato proyector. Alguien podría pisarlo pues pocos van por el mundo detallando el piso o el cielo; distraídos pasan a diario frente al amor de sus vidas y no lo ven.

Intenciones para una cosa y El arte de la repetición, son dos obras incluidas en las menciones especiales del evento de inauguración y premiación. Fue una sorpresa para todos ver la premiación en vivo y en directo. Haciendo gala de una intención melodramática el hombre del micrófono quiso dar los premios de atrás para adelante como lo hacen las reinas en Cartagena; pero muy serio Pablo Van Wong dijo no. Y es que hay que entender el momento de las cosas. El premio en arte no se da a la mejor obra, sino más bien, en torno a ello giran otros valores no cuantitativos ni determinantes.

Como decía, intenciones para una cosa es una instalación llamativa con un gran vacío conceptual; retomando nociones como el objeto encontrado, la suntuosidad, el movimiento, la luz y la instalación no ofrece nada más allá de lo planteado por otros artistas locales de mucha pertinencia. A mi modo de ver sería bueno conocer otras obras de la artista.

Por otro lado encuentro una relación más importante con el mundo nocturno, con las luces de discoteca y los espacios claustrofóbicos de una noche que no es salsera ni crossover en la ciudad. Una habitación vacía (van muy pocos a los chirreteaderos), con hermosa basura, brillantes y pequeños lujos, trances y momentos intrascendentes; todo ello mientras amanece y pasa el MIO.

El arte de la repetición es una obra fuerte, una buena idea, involucra materiales paradigmáticos y que por sí mismos intensifican el sentido de la obra. Develar el proceso, la concepción y la materialización es por sí mismo reflexionar sobre la crítica que la artista hace.

Las otras obras.

La obra Forestales, contrario a los problemas formales de algunas otras obras, simplemente compone una imagen que se puede analizar por planos y movimientos leves. La distancia abarcada por la toma y la concepción de paisaje crean un buen motivo para reflexionar sobre un problema ecológico, remitiéndonos a una imagen/composición de mucha poética. Narváez no se preocupa mucho por el soporte ni las implicaciones de la base del televisor, no amplia la problemática del cable y el dvd. (dvd que estaba apagado cuando fui a ver la obra y que me regañaron por haberlo prendido, quizá haya que decir que muchas veces los guías simplifican las dimensiones estéticas y conceptuales de las obras, sin embargo eso es tema de otro ensayo)

El emplazamiento del video denotaba que la intención del artista estaba dentro de la pantalla, en la bella imagen de los eucaliptos.

La obra Librillos de Julio Giraldo es una metáfora simple pero muy pertinente, muy buen juego semiótico de la apariencia. Se ponen en juego las relaciones con el libro en un contexto donde este es relegado, donde los festivales del libro generan ventas en estéticas corporales y consejos para la buena vida; el libro denso y complejo es un ataque a este estilo de vida, es una pedrada a la mediocridad. Muchas propagandas ponen a niños cargando pesados libros en peligro de morir herniados, solo con el fin de promocionar la investigación en internet. Las casas y la arquitectura se volatizan también, en los mundos virtuales no son necesarios los ladrillos; los Bites sin peso y casi infinitos miden ahora nuestras vidas. En cuanto al emplazamiento de la obra es una lástima que pase desapercibida tal y como pasa con los libros y las bibliotecas (estos lugares no se promocionan con gaseosas ni luces de neón).

Quiero Comida es una magnífica obra de pequeñas dimensiones hasta el momento en que uno lee el texto que se le añadió a un lado. Cobo sobre-expone el mensaje de su propuesta simplificando sus intenciones, intentando generar un mensaje moral con la obra lo cual puede significar la pérdida total del interés de parte del degustador (a veces más vale hablar de degustación que de expectación).
Valores como el color, el tamaño, la instalación, los mismos retratos que son hermosos y llamativos, caen bajo el peso de un texto fotocopiado y pegado al lado; como si el espectador fuera un tonto y sea necesario explicarle lo mal que esta el mundo. Más vale alabar sus pequeños dibujos, los cuales son de mucho buen-gusto.

Salto Al Vacío, pudo haber sido ganadora de la muestra si no hubiera cambiado su presentación a última hora. Esto no me consta, pero sé que la foto del catálogo es diferente a la instalación en el museo; podría apostar que el jurado anotó en el acta la recomendación el punto de “…Que las propuestas seleccionadas  sean montadas de acuerdo a como sean presentadas al jurado de selección” basándose en esta cama.

A mi modo de ver la pretensión del artista cambia radicalmente al sostener las tablas con Nylon y despegarlas de la pared. El conceptual no es tan arbitrario como parecería, al contrario, creo que es un tipo de arte que demanda cuidado en cada detalle que el artista puede manejar con sus manos.

De una arquitectura esplendida, pues la cama tenían unas tablas que se volvían escaleras, era un buen ejemplo de cómo se puede reconfigurar un objeto de manera sutil, sin recargas simbólicas y de manera concreta. Sin embargo en la instalación en Calco ya no eran escalones empotrados a la pared, sino tablas voladoras a las cuales el Nylon quería vernos la cara de ingenuos, estaba pretendido “invisivilizar” los hilos, y este hecho no es sino develar una intención estética que se ha quedado vacía de metáfora. Análogo al problema del adorno, la escultura perdió mucha fuerza en su re-versión.

B. Huertas


[1] Cabe preguntarse si se trata de una obra joven, y no lo digo por la edad de Salazar, aspecto entre otras cosas muy impertinente, ya que no se podría decir que un artista como Oscar Muñoz está viejo. Este es un gran problema del concepto de juventud, ya que creo que la obra de Salazar se encuentra en un planteamiento más maduro que muchos de los que estaban en la muestra, sin embargo se abre paso junto con ellos en el mismo campo competitivo. La juventud como vitalidad está presente en los artistas, sean de la edad que sea.

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