CALCOMANÍAS – CRÍTICA A CALCO, CALI JOVEN Y CONTEMPORÁNEO – OCTUBRE 2012 – EXPOSICIÓN EN EL CENTRO CULTURAL DE CALI.

El arte como Calcomanía.

Para un posterior ensayo de crítica (ensayando como hacer crítica) después de hablar un poco de las obras y los premios (https://delpulpo.wordpress.com/2012/11/01/obras-y-premios-calco-critica-a-calco-cali-joven-y-contemporaneo-octubre-2012-exposicion-en-el-centro-cultural-de-cali/), planteo esta lectura sobre algunos problemas globales que he visto en nuestro contexto artístico, basado en la convocatoria CALCO-2012.

Manía: Extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada. El problema con este concepto es amplío y lejos de quererlo solucionar, quiero más bien plantear cómo una manía puede ser perjudicial para la investigación en artes. No hablo de ningún modo del complejo mono-tematismo de personajes como Kafka o Botero y de muchos artistas y teóricos que nunca salen de una visión específica o de una preocupación durante su carrera, ni tampoco de la unidad formal de los estilos. La manía la identifico como un tema abordado superficialmente, caprichosamente y que, por si fuera poco, al parecer se pone de moda.

Identifico entonces: Reconocimiento-manía[1], la juventud como manía[2], lo ecológico como manía[3], el soporte como manía[4], la basura como manía[5], la falta de espacio como manía[6]

B. Huertas.


[1]                     Reconocer no es premiar; ni el reconocido es a veces merecedor del reconocimiento, pues título no es vocación y juventud no es talento. Quizá es meter el dedo en la llaga pero no es problema del arte que hayan tantos graduados en Cali, es problema de la pedagogía y las crecientes crisis del espíritu humano; la relación con el mundo y con los sistemas de vida llámense consumo, banalidad, espiritualidad. Quizá, como dice el eslogan de las mini-chips muchos no son tantos, y quizá pase algo más acá de la graduación, en lo concerniente al proceso de formación del artista y su vocación. Otra lectura, más problemática aún es que toda esta producción artística, (de graduados como no graduados) es producción precisamente artística, es producción con dimensiones estéticas y conceptuales que no se puede desechar por el simple hecho de ser producciones inmaduras o inseguras (en algunos casos carentes), ya que esto nos habla del campo mismo, de nuestras falencias y de lo que nos toca empezar a trabajar y dimensionar para asegurar un posible arte mejor (no cuantitativamente, obvio, sino cualitativamente, para ello debe evolucionar en conjunto con los artistas un conjunto de valores en arte).

[2]              La juventud como manía o aquellos que como Pirri hacen de la juventud su profesión. Si bien los participantes de Calco son todos jóvenes cabe preguntarse cuando dejan de serlo; ya que si bien esta categoría gira más en torno a su vitalidad y novedad (o surgimiento más bien) que a su edad real.

No debemos caer en la falacia de considerar lo joven como un valor necesariamente de calidad. Es viable reflexionar cómo un artista siempre será joven y siempre será viejo, sus decisiones y obras hablarán de él más que de su edad (más que su edad), pues es más importante es su visión y su particularidad.

Sabemos de antemano que nuestra época considera la juventud como un valor de virtud; las cremas anti-arrugas y los costosos tratamientos para conservar la juventud lo demuestran, desde la ropa-juvenil hasta los Botox; pero hay que cuestionar cómo la obra Sistema para avistamiento es una obra madura y consistente, mientras Intenciones para una cosa presenta los problemas de una búsqueda inexperta o joven. Además también podríamos preguntar sobre cuál es el límite de edad para considerarse joven.

La juventud por ser un concepto tan difuso se usa indiscriminadamente, pero precisamente debemos revelar sus implicaciones más importantes. Una de ellas es la aceptación de una obra inmadura, también la ilusión de reconocimiento que desde el gobierno se abre para los artistas; como cuando a los grafiteros les dan un murito y pintura para que expresen sus talentos, incluso matando el grafiti de raíz. Otra implicación es la de totalidad, es decir, los participantes de Calco, ¿son todos los artistas jóvenes de Cali?, o será necesario establecer categorías como joven de 20 a 24, de 24 a 27, de 27 a 30, etc.

Pensar en esta simple palabra revela una pretensión profunda de nuestro medio, la pretensión de aparente frescura y reconocimiento, la de espacios para los jóvenes como sinónimo de vida digna para un ellos que en el fondo no existe. Que quede claro que no quiero criticar el premio, ni desdeñar a los artistas que participaron, no, sino más bien hablar un poco de lo que hay tras-discurso de la institución.

Cuando digo que la juventud no existe, es porque esta juventud de hoy son todos. Todos los que figuran (pues precisamente para figurar hay que maquillarse de joven y joven novedoso).

 

[3]              Lo ecológico como manía gira en torno al uso de elementos naturales como postura espontanea de preocupación ecológica. Unos alfileres de chonta, un hogar de cascaras de plátano no es más ecológico que el uso de piedra para una escultura. Todos los elementos de un ecosistema, todos los materiales que encontremos los artistas para expresarnos, incluso aquellos más artificiales, nos hablan de una naturaleza. Recordemos los minerales extraídos para hacer micro-chips de computador, el plástico y el algodón, el cemento y la piedra, el yeso y el mármol. Mover estos elementos, tratarlos y disponerlos hacía un museo nos debe hablar de un uso del ecosistema.

Sin embargo hay una manía general, no solo de los artistas sino también del diseño verde o auto-sostenible, de usar este discurso como estrategia de venta y de ahorro de insumos hacía las empresas.

Cabe anotar que dicha preocupación es pertinente en nuestra actualidad, pero este discurso por ser tan superficial puede perjudicar la lectura y el planteamiento de las obras. El artista que use este discurso como principio corre el riesgo de no plantear buenas obras o simplemente hacer pañitos de aguas frías para vendérselos a las frentes más calientes, cuya fiebre nos tiene en crisis ambiental.

[4]             El soporte como manía nos habla de una búsqueda desesperada de soportes no formales para las obras de arte. Esta búsqueda maniática del cómo presentar la idea oculta la problemática de la forma, pues en muchos casos se vuelve más importante pensar el montaje que la composición misma o la concepción de obra. Con la intención de magnificar un planteamiento se pueden llegar a excesos que la obra no justifica. Hoy sabemos que obra y soporte, como obra y mundo son uno, pero no debe ser maniático. Ejemplos en Calco está Salto al vacío, Delicado y Hogar. Estas obras demuestran una falencia conceptual a mi modo de ver.

El caso más extremo es Sistema para un Avistamiento de Salazar en la cual casi toda la obra es soporte. En este caso se puede llamar instalación precisamente por esa fusión obra-soporte y por ende sale favorecida con las decisiones del artista.

Con Forestales Narváez demuestra que un televisor, simple e incluso de pantalla redonda sirve para exponer su imagen, la fuerza está en la concepción de la obra. Otro ejemplo negativo es el montaje de Ángela Villegas en Proartes, exposición llamada Espinosos, en el cual, como ya expresé con anterioridad, el soporte elegido para sus obras Paisajes es innecesario y no plantea mayor problemática para la presentación de las fotografías.

[5]              El uso de materiales precarios y austeros más que dialogar con nuestro contexto se está erigiendo como una predisposición en la investigación de algunos artistas. Esta predisposición les quita la oportunidad de ensayar con otros objetos que no sean objetos encontrados, de los que tanto hablo Bretón y Benjamin.

Claro está que el concepto de basura no es muy válido que digamos; pero se sabe que muchos acogen estos objetos gracias a una reflexión superficial y poco trabajada.

El caso de Adrián Gaitán es un ejemplo de una investigación que ha reconfigurado el concepto de basura, pues la trasciende como material; su preocupación no se encuentra tan a la deriva; sino que ha sido trabajada y llevada a diferentes propuestas de mucha fuerza conceptual y plástica. Lo que quiero decir es que no es la basura por ser basura, hay algo más allá que la simple utilización de basura u objetos encontrados, por ende la obra de Gaitán es muy importante.

Es cierto que debemos como artistas explorar materiales, pero también debemos explorar conceptos, posturas y formas de composición. Quizá haya que salir de los facilismos políticos como el reciclaje, lo joven, la basura como obra, los complicados soportes, para pasar a expresiones mucho más sinceras con el arte (o sea con nosotros mismos). En este sentido la respuesta es la misma que la respuesta a todo, trabajo y re-cuestionamiento.

 

[6]              La falta de espacios no le ata las manos al artista que produce.

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