UN VISTAZO A JULIO GIRALDO – APUNTES SOBRE LA OBRA DEL ARTISTA CALEÑO, EN SUS EXPOSICIONES EN PROARTES, EN LOS XIV SALONES REGIONALES Y EN CALCO, CALI JOVEN Y CONTEMPORÁNEO.

Hay una operación clara que gira en torno a la alta y baja cultura, distinción más obvia en las piezas que remiten a la música y a las esculturas que hablan del universo sonoro y la tradición; una tradición que el artista usa para marcar esa distancia que nos separa a todos como Lumpen de este país frente a los conciertos de cámara de las principales capitales del mundo. Es la misma distancia que separa al águila real del gallinazo e incluso del cóndor majestuoso pero carroñero, la misma distancia que separa un cuadro al derecho y otro al revés, la infranqueable grieta del amor y el deseo frente a sus objetos; día y noche, armonía y composición sobre improvisación y repeticiones caóticas.

Panorama.

Ha venido sonando Julio Giraldo en diferentes formas y ritmos, en particulares obras y exóticas rumbas nocturnas, espacios del revés caleño. Como un negativo de la ciudad la obra de este artista se va colando en la imaginería local, desde el fondo de esta olla sale entonces a flote en los espacios convencionales de exposición. En esos espacios encuentra un público diferente al nocturno, una ciudad diurna e interesada en el arte, que ha cuestionado fuertemente su obra pues su obra es difícil de asimilar. Por esta razón creo que la dimensión de sus piezas son un testimonio de cierta desesperanza, un desespero del mundo nocturno que encuentra en los Loops electrónicos, en el sintetizador y en el cemento el mejor asiento en las afueras de toda rumba donde nadie es bienvenido.

Hay que decir que su obra tiene marcados altibajos, estos altibajos ocasionan que su obra sea percibida sin una fuerza de concreción, que algunas piezas no parezcan de él y otras en cambio estén en comunicación directa con una supra-intención. Julio Giraldo es un artista muy joven que está precisamente en esa búsqueda, que se manifiesta entre otras cosas en la multiplicidad de sus soportes y en la variedad temática. El tiempo dirá pa donde va.

¿Divagar o no divagar?

Todo artista tiene una serie de divagaciones que a pesar de usar materiales para expresarlas, tienen un origen en el lenguaje y en la poética. Pocos de estos artistas se atreven a publicar o exponer dichas divagaciones, algunos las expresan en cartas, otros en manifiestos o en tertulias privadas, muchos las dejan para siempre dentro de sus libretas. A mi modo de ver los textos que Giraldo expone en piezas aparentemente descuidadas y mal pegadas, con una pintura chorreada sobre lo que parecen estibas de supermercado, son un marcado desacierto en lo expuesto en Proartes y en general dentro de su obra, pues considero que a veces estas divagaciones deben quedar en el secreto del artista, en su privacidad; por ser estas expresiones del lenguaje y el texto son como ideas que rebotan insistentemente en la cabeza, secretos de su hacer plástico que en este caso no le aportan sino que le restan a la exposición general.

Se convierten entonces como en quejidos patéticos, en gritos desesperados sin una fuerte propuesta plástica, a la que incluso se le puede criticar también el intento de parecer espontaneas; incluso son más interesantes sus cuadros al revés y las fotografías expuestas pues generan una impotencia al espectador, en su imposibilidad de mejorar algo que está funcionando mal. La fuerza de estas dos obras (Ubicadas en el primer piso de la exposición de Proartes) gira en torno a que despiertan en el público una frustración, les hace querer arreglar los objetos, les hace preguntarse sobre los múltiples mensajes sugeridos por el artista. Los marcos volteados son una expresión de ese revés nocturno y la oscuridad que hay detrás de toda gran obra de arte colgada.

Hay una operación clara que gira en torno a la alta y baja cultura, distinción más obvia en las piezas que remiten a la música y a las esculturas que hablan del universo sonoro y la tradición; una tradición que el artista usa para marcar esa distancia que nos separa a todos como Lumpen de este país frente a los conciertos de cámara de las principales capitales del mundo. Es la misma distancia que separa al águila real del gallinazo e incluso del cóndor majestuoso pero carroñero, la misma distancia que separa un cuadro al derecho y otro al revés, la infranqueable grieta del amor y el deseo frente a sus objetos; día y noche, armonía y composición sobre improvisación y repeticiones caóticas.

En fin, la obra de Giraldo logra en algunas piezas materializar nuestra posición llena de polillas y gorgojos. En otras no es muy acertado e incluso cae en la obviedad como si estuviera inseguro de sus más fuertes obras, que a mi modo de ver son la instalación de imágenes de gallinazos con luces estrambóticas, el estuche de violín con vestigios de que ha sido comido por bichos y sus esculturas con concreto.

Fauna: de cualquier ave, al gallinazo.

El artista no escoge su imagen como quien escoge una camisa, su decisión trasciende el acto de seleccionar pues siente en determinadas formas un misterio y un afán por dominarlas. A mi modo de ver el gallinazo es la imagen de una postura marcadamente política en la que confluye un interés por la forma y un interés por las connotaciones de este animal en nuestro contexto. La instalación con imágenes de gallinazos es una obra de mucha potencia en el sentido de que son imágenes que brillan y bailan al ritmo de los strober, imágenes que fueron pintadas posteriormente demarcando las fallas de un plumaje duro y acorazado; Era imposible ver la obra satisfactoriamente, se intentaba enfocar, fijar la mirada pero esta divagaba en el conjunto de imágenes; manchas y picos, animales familiares que de pronto han cobrado una distancia majestuosa, han sido exhibidos e iluminados, puestos en movimiento con luces.

Luego sabemos que en el mundo de la rumba, con las luces de los eclécticos metederos de la ciudad, todos nos vemos así, imposibles y variables, difusos y lejanos; manchas en el patio de una casa que ha sido tomada para convulsionar: la obra es un cáncer extirpado de esa noche, exhibido en una bandeja de metal, inofensivo y con las ultimas palpitaciones que un artista intenta traducir a todos aquellos que van a las exposiciones pero que nunca se expondrían a la densa noche.

Concreto.

Las esculturas con cemento de Giraldo son otro afortunado testimonio del revés como operación central, a mi modo de ver, de la plástica del artista; Lejos del mármol y el bronce, el cemento es la piedra que pisamos a diario, la vemos a diario y por eso precisamente no la vemos. Estando tan familiarizados con el gris urbano, la planteada alta cultura va al museo a ver hermosas composiciones en piedra y bronce, en mármol o lámina (no estoy diciendo que tal alta cultura exista o que sea esta la dinámica, sino que en el caso de la obra de Giraldo es conveniente plantear esa noción pues nos ayuda a demarcar una instancia donde no podremos entrar nunca); El cemento, piedra artificial y símbolo del bulto-de-progreso entonces es un ancla de lo que intenta representar, el ancla de los instrumentos musicales; pegados al piso por el peso de un progreso fallido, se convierten en aparatosos artefactos desactualizados y viejos, en el empotre de una música que no va a llegar lejos; en el tiempo de engorde de los gorgojos y las huellas de perro en el asfalto fresco. Particularmente su pieza del casete en cemento y las piezas de cemento con vidrio son interesantes muestras del peso de la civilización, toneladas de mierda que impiden volar a la música y al deseo; anclas.

Ladrillos – Librillos

Esta pieza expuesta en CALCO tiene la particularidad que funcionó mejor la primer vez que fue expuesta en Proartes, quedándose tal cual para su exposición en CALCO; quizá sea por políticas del concurso, pero a mi modo de ver, la obra puede ser llevada a extremos del juego artístico. Mientras en Proartes funcionaba por estar con obras relacionadas conceptualmente, en Calco se veía abandonada, sin fuerza y en una esquina con mucha debilidad. Estoy seguro que dicha imagen pesimista del libro puede ser intencional, libros abandonados a su suerte, amontonados en puntos ciegos del mundo. Sin embargo es extraño como en Calco ya no poseía la misma fuerza, porque, creo, es una obra que merece ser trascendida. La metáfora es simple y eso no es malo, al contrario dio en un punto concreto, a punta de ladrillo.

La obra Librillos de Julio Giraldo es una metáfora simple pero muy pertinente, muy buen juego semiótico de la apariencia. Se ponen en juego las relaciones con el libro en un contexto donde este es relegado, donde los festivales del libro generan ventas en estéticas corporales, narco-libros y consejos para la aparente buena vida; el libro denso y complejo es un ataque a este estilo de vida, es una pedrada a la mediocridad. Muchas propagandas ponen a niños cargando pesados libros, en peligro de morir herniados solo con el fin de promocionar la investigación en internet y los light-books. Las casas y la arquitectura se volatizan también, en los mundos virtuales no son necesarios los ladrillos; los Bites sin peso y casi infinitos miden ahora nuestras vidas. En cuanto al emplazamiento de la obra, es una lástima que pase tan desapercibida, tal y como pasa hoy con las bibliotecas.

(LINK: http://juliogiraldo.wordpress.com/arte/)

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