AHÍ NO SE ACUESTE – CRÍTICA A LA EXPOSICIÓN ESPINOSOS DE ANGELA VILLEGAS EN PROARTES – OCTUBRE 2012.

Amenazantes dispositivos esperan para su comodidad. Una plaza pública desde la cual voceros gritan las noticias, a vivas voces, todos a la vez, aturdiendo, confundiendo, distorsionando, explicando y discrepando: al final nadie oye, y este es precisamente el peligroso dispositivo donde no se puede uno acostar…
…El sentido predeterminado del icono político le resta fuerza a los cojines espinosos de Villegas, quiéralo o no, a diferencia de su arisca Gata GACHUZA.

 

Ángela Villegas.

“Los opuestos deben ponerse uno al lado del otro
en vez de mantenerse separados, pues su separación
sólo existe en la mente y se reconcilian al unirse.”
Ángela Villegas

 

Artista consagrada, de gran importancia para nuestro contexto es Ángela Villegas, quien llega a Proartes con ESPINOSOS, una exposición en la cual, como es costumbre en ella, crea un juego entre opuestos y estipula una serie de nociones que al ser contrarias plantean ese eterno juego artístico, sobre lo que es y lo que no es en su mutua relación. Sin embargo como es costumbre mía, es necesario hilvanar una serie de comentarios o críticas frente a su propuesta en nuestra ciudad, su ciudad de origen.

En el primer piso: Fragilidad – Paisajes del Sufrimiento.

Lloras tu y lloro yo
y el cielo también y el cielo también
Lloras tu y lloro yo
es fragilidad, es fragilidad

Fragilidad – Matías Aranda

 

A veces no hay definición más pertinente de las palabras que la definición que se usa, sin ser definición; Espinosos, la exposición de Ángela Villegas tiene como finalidad materializar una serie de tensiones, como por ejemplo la existente entre lo frágil y lo hostil, la naturaleza como creadora de cosas peligrosas para el hombre, como el mismo hombre y, cómo no, las espinas.

En primera instancia están las fotografías montadas en vidrios sobre tacos de madera, que muestran primerísimos planos de espinas atravesando algo, y algunos matices de colores rojos; en esta obra es importante el descubrimiento de las texturas y sobre-todo del lente macro de la cámara, pues todo acercamiento es dramático, ya que nos muestra un mundo que no percibimos normalmente (además de que está congelado); en este sentido, es claro que las composiciones son bellas imágenes de púas dispuestas en formas y colores. Sabemos de antemano que la artista se preocupa por la materialidad de los elementos de la naturaleza, configurando obras en las cuales son estos elementos los que componen una plástica; en este caso la plástica es pretenciosa, las agujas organizadas en filas dejan atrás su carácter terrorífico, se convierten en pelos, en paisajes, en disposiciones orgánicas de vellosidad artificial en marcos poco-convencionales. Quedan muchas preguntas sobre el soporte de las fotografías, que parece fortuito, parecido incluso al que usó Herlyng Ferla en la exposición Qué es la verdad en la Tertulia. Este soporte desafortunado para una fotografía, es otra pista que devela la flaqueza misma de la imagen y la necesidad que tiene de un detallito extra de fina coquetería.

Otro tanto pasa con las espinas negras insertadas sobre la pared, ya que, siendo estas tan duras y tan frágiles, fueron instaladas y no clavadas; Detallitos sutiles, que pueden cuestionar la fuerza de una obra: para instalar dichas espinas, se abrieron los huequitos con un taladro y luego metiendo la espina se resanó con estuco, para dar la sensación de que estaban clavadas. A mi modo de ver, aunque pueda parecer tonto decirlo, quizá todo no sea tan peligroso, quizá las espinas estén puestas ahí, superficialmente como mucho arte que se hace actualmente. Quizá no hay un proceso profundo, sino una búsqueda de la sensación final, búsqueda superficial para un público que necesita sentirse seguro de lo que va a comprar.  Por último, ¿fragilidad de qué nos habla la exposición? Quizá de la fragilidad de que están impresas en un papel fácilmente Biodegradable, lo cual más que aclarar la lectura, la enturbia más…

Segundo piso: Ahí no se acueste.

Amenazantes dispositivos esperan para su comodidad. Una plaza pública desde la cual voceros gritan las noticias, a vivas voces, todos a la vez, aturdiendo, confundiendo, distorsionando, explicando y discrepando: al final nadie oye, y este es precisamente el peligroso dispositivo donde no se puede uno acostar. La intención de Villegas es clara y elocuente, puede parecer incluso demasiado obvio apoyar los cojines (que no parecían cojines reales, sino cojines hechos para ser atravesados por espinas) con las noticias de la pared. Plaza pública, zócalo donde lo privado es público, donde las almohadas se convierten en armas, en chismorreos, se endurecen al punto de ser ladrillos. Plumas o chuzos. Sin embargo cabe anotar que el hecho de que una obra de arte se planteé con imágenes de políticos, no la convierte en una obra necesariamente política, o más bien, que el uso de iconos mediáticos no es el valor central de la crítica de la obra al mundo político, este apenas es uno de sus puntos; incluso el más obvio, y en este caso el que menos funciona.

Las imágenes así como las cosas, por ser las imágenes también cosas (en las obras) se gastan y su figurar puede cansar y hostigar; Cuando vemos por milésima vez la imagen de los políticos, esta vez en el museo, el símbolo ha perdido fuerza, está desteñido y la obra corre el riesgo de ser percibida igual.  El sentido predeterminado del icono le resta fuerza a los cojines espinosos de Villegas, quiéralo o no, a diferencia de su arisca Gata GACHUZA.

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