METEN MANO A LA FORMACION – COMENTARIO SOBRE LA ENTREVISTA A JOSÉ HORACIO MARTÍNEZ EN LA REVISTA ARTERIA No. 35. – SEP – 2012

Hay que aprender a ver.

En la entrevista a José Horacio Martínez, publicada en la última Arteria (#35), el artista alude a su papel como pedagogo además de su dedicación artística. Este punto es vital pues ayuda suficientemente a ver de manera crítica la situación actual de la Universidad en relación con algunas metodologías de clase y procesos irregulares al interior.

Antes de dar rienda suelta al dedo en la llaga, quiero resaltar algunos puntos con los que estoy de acuerdo con el artista y que me parecieron muy importantes. Primero que todo Martínez relaciona el saber-ver con un proceso de aprendizaje y no de postura, es decir que pone en evidencia su propia formación y la forma como asumió su paso por talleres y maestros, pues la última confrontación que cada uno de nosotros tiene es con uno mismo, y allí es donde se decide usar o no los espacios, los maestros y sobre-todo el tiempo. Con esto quiero decir que gracias a los procesos formativos, a su inmersión en la reflexividad y práctica logró hacerse como persona y como crítico de su tiempo de estudiante (que apuesto aún continua), con respecto a la situación de la Institución en los 90´s; Incluso cabe anotar que llegó a ser director de la escuela. La legitimidad de su proceso es algo podría poner tranquilo a un purista, una carrera fluida, de trabajo constante y de reflexión en torno a las artes, siempre con una respuesta práctica; creo allí se encuentra el meollo de todo esto.

Las relaciones con la forma, con el material y con la lectura son vitales para el artista en formación, incluso suena tonto y obvio hablar de ello, pero hoy parece que estamos lejos de necesitar hablar y respaldar nuestra posición y postura (Lo cual permite que muchos personajes anden por ahí ostentando un título). Con esto quiero decir que Hay mucho artista (yo añadiría maestros, alumnos, críticos, galeristas, peluqueros, científicos, humanos) que no hace un culo[1].

En este punto ocurre un gran problema de índole estético: El poema y el arte no son directamente proporcionales al trabajo que cueste hacerlos, este es un principio básico de la estética contemporánea que como todo, tiene y no tiene razón. En un contexto como este, creo necesario el trabajo serio, constante y reflexivo en torno a las artes, incluso pensando que se trata de un legado humano al cual no es confiable el común PORQUE SI. Sin querer ahondar en este punto, pues existen libros en torno a ello, agrego que el papel del artista en formación, sea alumno o maestro, es la actividad en el contexto y para ello hay que meter mano en la FORMACION DE LOS OTROS. Pues en una comunión no hay público-artista, somos todos artistas, hipnotizados por un maestro de ceremonias que exige respuesta. Solo dios es silencio, como humanos tenemos que hablar.

Formación previa, formación posterior – Nunca hay tales, pero algo de ello existe.

Este punto es delicado, pues no hay que hacer un gran estudio de sociología para afirmar que quienes llegan a estudiar a Bellas Artes son niños de 17 años, máximo 20, con algunas excepciones, quienes se sorprenden por las muestras más novedosas y extraordinarias del arte mundial, a quienes les llegan a sus correos los artistas del power-point y quienes toman irreflexivamente una postura aparentemente libre de convenciones, que les ata al peor direccionamiento de su trabajo, la despolitización. En mi corta experiencia en Bellas Artes he notado como son confundidos con términos y dicotomías que no están listos para afrontar, pues toda respuesta simple es extirpada de sus dimensiones problemáticas. En este punto, el ejemplo de José Horacio Martínez es más que elocuente para determinar la necesidad de replantearse constantemente los modos de educar en artes y revisar ciertos procesos irregulares al interior.

Cuando llegó Martínez a estudiar en la institución llegó con una formación previa y sobre todo con una postura ética del trabajo que chocó con su contexto.

Meten mano.

Meten mano a la comida con las manos sucias, meten mano en proyectos de gobierno seres oscuros y transparentes (la transparencia es un valor positivo para los políticos, como la limpieza) amontonando al lado del poste bolsas de basura, personas que sobran hacen fila y crean disturbios por un subsidio alimenticio. Meten mano en la educación las nuevas y frescas pedagogías del emprendimiento, pues para vender empanadas es mejor saber Excel…

Sin mente son contratados maestros en la institución. En la actual crisis económica de la Universidad, ¿es viable exigirles a los profesores calidad en las clases? (que pronto se llamarán ciclos). Pues hay que apartarse de los ciclos, del lagarteo y la necesidad, pues la necesidad es miserable no siendo igual morir de hambre por el arte, en tal caso no se es miserable.

En Bellas Artes pagan poquito, se queja un “profe” en plena clase, el estado anímico ciertamente no es el mejor. Sin embargo el arte no es la institución, a pesar de que esta necesite urgentemente una revisión. Muchos han reconocido la actual crisis del campo en la ciudad y el estado en el cual llegan los estudiantes a la carrera; la lectura y la actividad reflexiva, sus metas cada vez más pequeñas; está agonizando la utopía.

Creo que es más que viable pedir calidad, a pesar de que esta no es la palabra indicada, es necesario pedir al maestro un dialogo, relaciones carnales con los temas y con las técnicas, con la crítica y la auto-crítica; que no se limiten al Power-point, al video-beam y a la pereza. En este punto somos todos responsables.

Comité de aplausos y auto-crítica.

Me llamó la atención de la entrevista la inclusión de un título como La enciclopedia Salvat, pues hoy se proclama la muerte de ésta en manos de las enciclopedias virtuales y en red; Me llamó la atención que Martínez hable de un comité de aplausos y compare los escenarios de Cali, Popayán y Bogotá. Los Procesos al interior como iniciativas de rebote en la institución. Se rompe la inercia cuando alguien habla (expone) y hurga en el otro. Lo mueve como una bola de billar “descovalada”, pues es imposible calcular para donde va a coger y cuál será la respuesta. En todo lo afirmado por Martínez en la entrevista es pertinente hacer hincapié en la responsabilidad que tenemos como artistas en formación, pues todo cuadro, dibujo o escultura necesita de los ojos formados de otro que los perciba, todo árbol que se cae necesita unos oídos que lo oigan caer, todo arte necesita una crítica pedagógica que rescate y no deseche en prejuicios el estado actual del campo, pues hoy es muy fácil decir: Hay crisis, por eso estamos así, postura que paradójicamente ensancha la crisis y da pie a la siesta.


[1] Frase que me dijo el mismo José Horacio Martínez, cuando le pedí una foto en Proartes.

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