La imagen que bien podría ser la etiqueta de un detergente, el devocionario de un recóndito pueblo entre las montañas colombianas, nos habla de la universalización de la imagen por medio de su simplificación, la pureza, que en este caso no es editada en Photoshop, la da los pigmentos limpios y de pocos contrastes. Jabón para bebe, pues la posición de nuestros mandatarios es aparentemente paternalista.

Fabiola Osorio

LÍMPIDO Y TRACIÓN – COMENTARIO SOBRE LA FUGÁZ EXPOSICIÓN DE FABIOLA OSORIO EN LA GALERIA DE BELLAS ARTES – OCTUBRE 2012.

Límpido y traición – Una obra en dos momentos.

Una obra que teme ser un-solo-momento y se replantea ampliar su concepto, con el fin de afilar la crítica, es una obra que corre el riesgo de caer, antes que subir. Al plantear dos gestos bajo un mismo interés conceptual la obra de Osorio, expuesta la semana pasada en Bellas Artes (inaugurada el 2 de Octubre), se precipita en un profundo acantilado y pierde lo que pudo haber ganado en su primer y más importante gesto.

En una descripción formal, la artista pinta al doctor Álvaro Uribe Vélez de manera serial, jugando con la imagen del entonces presidente con algunas características propias de las estampas de santos y lavaduras simbólicas de la fe. Estas lavaduras, que funcionan en el campo del retrato político y retrato devocional (y hoy en el retrato de identidad) son adjudicadas a la forma como el ex-presidente adquiere un valor mesiánico y su imagen le determina un espacio en las oraciones del pueblo colombiano. Uno de estos cuadros, de la serie de retratos llamado “El señor del buen consuelo”, llega a las manos del ex-presidente como tributo al mandatario, y es incluido en la colección Real del Palacio.

En este punto se abren algunas preguntas, pues la fuerza de la obra gira en torno a la crítica de los medios de comunicación, pues no va en contra del político, ni de sus métodos, ni de su posición, ni de la coyuntura ni de nada. Pues si fuera así, este gesto se dimensionaría más como un gesto de traición, más que un tributo sesgado. Sin embargo, por tentador que suene, no creo que la intención del artista haya sido la traición, sino más bien divagar entre un manejo sacro de la imagen y las herramientas simbólicas que usan los medios para santificar nuevos personajes.

Bajo esta aseveración, creo que la artista sale bien librada, con dios y con el diablo. Sin embargo la obra tiene potencial, pues identifica en el manejo del discurso público/político figuras retoricas propias de los sofismas y emocionalismos con que se pueden domar rebaños enteros. Es interesante como el rostro del político se sincretiza, aunque parece más que se esquematizara, para, bajo una misma apariencia, reproducir masivamente cuadros y estampas.

La imagen que bien podría ser la etiqueta de un detergente, el devocionario de un recóndito pueblo entre las montañas colombianas, nos habla de la universalización de la imagen por medio de su simplificación, la pureza que en este caso no es editada en Photoshop la dan los pigmentos limpios y de pocos contrastes. Jabón para bebe, pues la posición de nuestros mandatarios es paternalista.

La traición entonces despercudida, es finalmente escurrida en un segundo momento de la obra, en el retrato arquitectónico del mandatario. En un intento de materializar radicalmente la postura crítica, la artista monta una pequeña capilla de rezo dentro de la galería. A mi modo de ver, la intención va muchos kilómetros delante de la ejecución; es un montaje de apariencia ingenua, con un televisor que repite un discurso del doctor Uribe, las bancas originales de la iglesia de Yumbo “El señor del buen Consuelo”, que quizá hubiera podido traer todo e iglesia, cura, señoras, mugres del suelo, el mismo Yumbo, en incluso la obra Yumbo de la artista Alicia Barney, y la intención hubiera quedado igual de superflua.

Acá en este momento todo se pierde, no es seguro nada; la crítica parece entonces dirigirse al mandatario y a su forma de hablar, a la iglesia y a su forma de operar, a la gente que se sienta a escuchar, a los que hacen maqueticas, a Bellas Artes por no tener televisores pantalla plana, a la inocencia de un pueblo. Etc.

Luego de oír todo el discurso del mandatario,  salí confundido, pues solo de la trascripción de este discurso puede uno hablar largamente sobre la situación del país. Finalmente una obra limpia, una exposición limpia artísticamente.

 

B. HUERTAS.

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