BARRER PARA AFUERA.

Es claro que el estado de ánimo en esta ciudad no es el mismo de años atrás cuando con cierta picardía los artistas expresaban sus inquietudes y lograban crear un panorama medio pesimista, que daba un margen a la esperanza, logrando el rescate de la propia idiosincrasia en el mismo proceso de representarla (y no determinándola). Sin intenciones de una “Caleñidad” ni de amontonar las estatuas y las arquitecturas de la ciudad en un diseño para la feria de Cali, estos artistas creaban una visión de conjunto donde el panorama de la vida espiritual de esta comunidad se dibujaba y redibujaba, se evaporaba y se acentuaba en un granito lleno de humor negro, frescura y sobretodo autocrítica y reflexión. Una gráfica de fantasmas de los cuales todos los habitantes del pueblo eran conscientes y les identificaban.

Diez, veinte, treinta años atrás se vaticinaba un caos, un continuo degenero de la condición humana, de la condición “Zona Pacifica”, degenero que se ha venido cumpliendo como en un tipo de profecía auto-cumplidora. Estamos en ese futuro oscuro; ya lo había expresado José Fernando Marquín: todo empeoró.

Hoy nadie quiere ver los fantasmas, existe una especie de negación, un proceso de señalamiento y de barrer para afuera el mugre de cada uno; se rumorea que la culpa es de la gente, pero ignoran que la gente son (somos) ellos mismos. En el ejercicio de la crítica ocurre algo similar; el crítico no habla del artista ni de la obra como lo haría un científico o un ingeniero de sistemas; creo que usa la obra (o acontecimiento artístico) para hablar de sí mismo, de su postura y posición frente al acontecimiento,  no hay cómo barrer para afuera en una crónica seria. Una crónica seria se puede pensar más fácilmente poniéndolo en términos contrarios a las crónicas de “Pirri”, en las cuales he identificado estructuras como el uso de un sentimentalismo en relación con los temas de moda, la búsqueda de culpables y del señalamiento, el exagerado enfoque en un determinado hecho para generar conclusiones de tipo social, una aparente frescura que responde a unas convenciones ideológicas, un maniqueísmo no religioso que, sin embargo, tiene las mismas características de la fe, etc.

Con esto no quiero decir que el campo de las artes plásticas en nuestra ciudad esté en un estado maravilloso y sea la crítica ciega, torpe o intransigente; quiero decir que, por otro lado está el nombre de los artistas, aquellos que proponen una obra en la cual se ve su persona, la obra habla de su sensibilidad, de lo que saben, su enfoque y también de lo que NO saben, lo que ignoran; y allí la relación con un público crítico. En este juego de correspondencias se modelan las historias del arte, todo testimonio puesto en juego entra a una especie de enciclopedia invisible, al museo total, al planeta como obra; conjunción de archivos y obras, escritos y polémicas gracias precisamente a que muchos intervienen en esta performatica del arte. En nuestro contexto, tan indeterminado, ambiguo, mágico y calenturiento, la ausencia de saberes juega un papel más importante aún que la misma pretensión de dominio intelectual o de tautología, o de intrascendencia que tienen muchas obras que se exponen en la actualidad.

El proyecto curatorial “Desde el Malestar” emerge (¿o se sumerge?, ¿ni se sumerge ni emerge?) en este contexto, en esta zona llamada “Zona Pacifico”. Haré hincapié en algunos aspectos de las exposiciones “Camino al Barrio” en Casamata y “¿Qué cosa es la verdad?” en el Museo La Tertulia.

CAMINO AL BARRIO.

Camino al barrio pasa uno por la ciudad; Barrio y ciudad relación análoga a la parte y el todo que tanta filosofía ha hilvanado; Camino al Barrio, dicen, hay mucha basura, basura que se ha convertido en “nuestra aliada”.

Camino Al Barrio es una propuesta de exhibición con muchos altibajos, obras que generan admiración al lado de otras que carecen de gracia, atractivo y de la fuerza que ostentan; Impacta en la entrada la Lámpara al mejor estilo de las Bacará, como dando la recepción a un hotel donde se hospeda toda la incertidumbre y desidia de algunos artistas locales. Esta lámpara que poco ilumina es el lado reverso de un lujo, como si cogieran joyas y la fundieran para hacer ganchos, como si cogieran mascaras precolombinas de oro y las fundieran para hacer picaportes en el palacio de Versalles. Vidrio, cartón y alambre en los basureros de los grandes hoteles, justo al lado opuesto del Hall.

Si en Casamata usted sube al segundo piso, de pronto le dan café o se encuentra con un televisor prendido pues está en la casa de alguien; confusión que me hizo pensar que me perdía de algo, de algo que ocurría arriba atrás de la reja. En cambio había que bajar. Panorámica de una invasión, de un cruce de barrios aledaños, lleno de lotes, armarios debajo de un puente y cosas colgadas en paredes de esterilla; solo que las paredes en este caso estaban blancas (excepto por la pared de madera rustica de Salazar, un pedazo de pared – con reverso – extirpado de las calles e instalado en la Casamata), como si hubieran borrado un fondo, o un trasfondo, y quedaran solo los objetos tan desusados como estarían en dichos lotes y carpas abandonadas por la mano de dios. ¿Qué trasfondo se borra?, a mi modo de ver, el de la naturaleza de la basura; el de esta naturaleza en relación con el estilo de vida, en la auto-culpa que genera la carencia de recursos y la idealización de objetos vintage, el amontonamiento de cosas es un mal que muchos caleños tenemos. Se borra entonces la condición del objeto, precisamente en la intención de resaltar que el objeto es [de] basura; pues el arte libera la cosa de ser, ya no es, a mi modo de ver nada de lo que antes fue; Para tal metáfora al límite está por ejemplo la obra de Alex Rodríguez, titulada en inglés, pues nunca sobran las posibles connotaciones, Go home, Latín jom. Una imagen presente en la mente de todos los espectadores nacidos en Colombia que, para ser sincero, tuve que devolverme al recapacitar que está hecha de cerámica con oleo; una Re-visión al objeto, una re-visión desde el objeto al mundo de cosas caídas en las calles.

De este modo la naturaleza de la basura es puesta en conflicto. Sin embargo, ¿no hizo eso el arte Povera hace muchos años en otras latitudes?, se podría preguntar sobre las diferencias sustanciales entre dicha movilización artística y la actual exposición en Casamata. En primera instancia se puede responder que hoy sabemos que nada es basura y menos en Cali donde todo sirve; diferencia sustancial frente a otros contextos económicos y ecológicos. Abandonados por la mano de dios se erigen otros emblemas simbólicos, pirámides u  otros objetos de culto; ángeles y enviados del señor como quien se encuentra un billete, un asiento o un llavero en el piso o en la basura.

Sin embargo estos objetos que en sí mismos tienen tanta fuerza expresiva sobre el fondo anti-séptico de todo museo, por su condición y manufactura, (la serie de Ángeles de Gaitán, la instalación de Salazar, los patines del Torpe de Nuñez) pierden su fuerza al ser emparentados con obras de las otras salas, tan faltas de carácter y presencia que la exposición se convierte en un “De-crescendo”; ya en los Chirretes empieza a evidenciarse una intención más fuerte que la obra, que si no fuera por Morris, obra compuesta de papeletas de bazuco, ese espacio de la casa, que parece usado arbitrariamente, hubiera sido un fracaso. En el espacio “Huelga”, a excepción del Cheque de Mejía y Paro de Rico, no hay obras afortunadas, sino que por el contrario quedan tan a la deriva de la libre expectación que se vuelven superfluas. Y aunque sepamos que la intención del artista no sea la profundidad paradigmática, ya que muchos de ellos se adhieren a una postura aparentemente intrascendente, cabría preguntarse que temen (o que no pueden) sustentar; incluso en obras con textos y fotografías.

En relación a “Camino al Barrio” como propuesta curatorial, se nota un afán por la incorporación de diferentes obras bajo determinadas concepciones. En ocasiones es más sincero y práctico Dejar ser a la obra, a menos que los artistas, tantos que expusieron en Casamata, tuvieran exactamente las mismas preocupaciones. Incluso vale rescatar ciertas propuestas museográficas donde las agrupaciones no son tan determinantes como decir “Todavía Sirve”, “Huelga” y “Arquitectura del Desastre”; en cambio vemos que “Camino al Barrio” es menos una categoría que un Espacio, aunque dicho espacio no tenga la fuerza ni la pertinencia de los otros.

Ángel – adrián Gaitán. La iconografía tradicional, dictada por un pasado religioso y un acervo de imágenes sagradas configuran muchos de los esquemas con los que los artistas trabajan en la actualidad; incluso hoy, en la época donde somos aparentemente libres de dogma, existen vestigios de una era de fe y esperanza, vestigios de una civilización que creyó en algo; creyó en los objetos, en su novedad y en la felicidad que estos podían dar. Los ángeles y el “bunker” de Adrián Gaitán son obras que, tal como la Lámpara, son el reverso de una civilización, son el lado b vetado por Casa Club y Discovery Home And Health. Vemos ángeles en este lado del mundo olvidado por dios y hay que materializarlos de cualquier forma pues ya nadie lo hace por nosotros; entre otras cosas existe un culto al ángel en una desesperada forma de quitarle al azar su incertidumbre y alumbrarle con velitas de la suerte.

Con respecto a estas obras podría preguntarse sobre la fuerza que tendrían expuestas en otros espacios, ya que si bien, creo que el uso de estos materiales gana expresividad en el hecho de su exposición en el museo, pues las paredes y la limpieza del piso crean esa tensión necesaria entre ejes de oposición. Objetos que pueden cortar, infectar, quebrarse y desaparecer en un contexto donde nadie los va a tocar y no va a salir un loco a tirarnos nada de lo que hay por ahí. Se libera la basura de su condición, ya no es basura, ya no es basura que sirve, es arte. Como nota posterior quiero señalar que no es terror lo que producen estos ensamblajes, ya que si se le adjudica sentido a partir del terror, como lo dice el catalogo “sobre la curaduría de la exposición”, se le emparenta con productos culturales propios de ese género, como películas contemporáneas de horror y se apela a un sentido “Prefabricado” a una serie de convenciones que, afortunada o desafortunadamente para la obra, comparte algunas. En este caso también es mejor dejar hablar a las obras en relación con otras cosas.

Las otras.Menos aspectos se pueden afirmar de la obra “El torpe” de Núñez, que a pesar de ser una graciosa metáfora del tieso se queda en ese juego sémico más propio de la publicidad. El ensamblaje de Salazar conjuga la fragilidad del papel grabado fijado a la tabla con delgados y extraños alfileres, con lo rustico de las tablas que izan la pared; son una división, una prótesis, un panel rustico que recuerda el auge del panel yeso y las maderas falsas en la arquitectura de la pretensión. Sin embargo es confusa la gráfica, no porque no se identifiquen los mapas sino porque parece que entre más connotaciones pudiera tener la obra mejor. Alex Rodríguez representa lo irrepresentable, unos zapatos usados que sin lugar a dudas alguien estaría usando si fueran de verdad; se cambia por ropa suena en las calles y en esta ciudad nadie bota nada; solo que estos zapatos no le sirven a nadie, pues son de cerámica, son estatuas que quiebran dos tipologías, la del tema y la de la basura. El tema es superado en la puesta en cuestión de la realidad del objeto, la basura es cuestionada pues unos zapatos en ese estado aún sirven; sin embargo estos no, son de cerámica, nadie los botó, alguien los modeló así – ¿están nuevos? -.

La pirámide de Zúñiga se ve mejor al revés y aunque esto no es bueno afirmarlo en una crítica “seria”, hay que confesar que al voltear la foto todo reposa en la silla de rimax y el techo de madera de Casamata. Sin embargo la obra no es así, es al contrario es decir, es como es, y así no la entiendo sino como una acumulación, una organización a modo de trasteo o mudanza donde todo calza en una carro-moto. Pero nadie se va a llevar la obra para ningún lado, no es para desarmar, está ya armada y se presenta al público como una gran pirámide; Hay que dar por hecho que si está en el museo, esta obra contiene valores extra el espectador no  tiene acceso inmediato, no son obvios, sin embargo si no fuera por ello la obra no tendría por sí misma la condición misteriosa o infinita necesaria, que la ubica en un museo.

A modo de transitoria conclusión, no es pertinente relacionar la exposición y las obras con estilemas propios del cine del serie B, diría “no más zombis por favor”, siendo yo un ferviente admirador de productoras como la TROMA; sin embargo hay que resaltar que nuestro mágico-decadente, que la crisis y la situación caótica e irreal de esta ciudad es más desajustada que cualquier ficción y “efecto especial” de las historias degeneradas del Trash-Cinema. En el texto “Sobre la exposición en Casamata” en el catálogo, hay aires de una aparente frescura y desenfreno anárquico que en el fondo no dice nada. En esta ciudad nada parece una película de terror de serie B (de hecho lo “mal fabricado” es intrínseco al B-Movie, no es un valor agregado) los zombis no son zombis, son asesinados por el gota a gota, los 39B son siliconados simulacros de simplificación del romance y el erotismo. Creo que con este enfoque curatorial se está cayendo en la trampa de criticar Lo que nos dejan criticar y con los términos que quieren que critiquemos. Un enfoque como este demuestra un desconocimiento histórico que simplifica los acontecimientos de Cali a un pasado de narcotráfico y un presente caótico, que mal entendido podría achacársele todas las culpas. En el campo del arte los responsables somos los involucrados, artistas, estudiantes, maestros, críticos, escuelas, enfoques, medios, los medios que no existen y la baja disposición al debate; Cabría preguntarse sobre cuán preparados estamos para afrontar lo que no sabemos, en vez de tejer relaciones curatoriales en torno a películas y enfoques históricos superficiales.

¿QUE COSA ES LA VERDAD?

Estanislao Zuleta dijo un día que estamos acostumbrados a desechar las cosas en el caso de que una parte de ellas no nos guste, o expresado en sus términos “No nos comemos el tamal, porque no nos gusta el sabor de la hoja” y si bien son muy cuestionables los parámetros curatoriales que rigieron este salón regional de artistas en la Zona Pacifico, hay que resaltar la presencia de obras que están en un dialogo completo y pleno con el entorno, el estado del arte y las problemáticas estéticas y políticas de la ciudad y del mundo, pues un arte no se entiende en su sentido regional, sino que plantea problemas universales; y este es el caso de algunas obras expuestas en el Museo La Tertulia.

En este grupo de obras se ve otra vez la disposición curatorial de agrupar determinantemente las obras bajo categorías y no como espacios de exhibición, vale la pena anotar que si la categoría escapa a la intención del artista, ni siquiera acoge su sentido o su deseo, la obra cambia totalmente de materialidad, pues en lo conceptual cualquier intervención en la obra o su entorno la modifica sustancialmente.

Camino al museo. Con una inauguración acalorada de caras que asienten y se encuentran de cerca con el arte, cosa que no suelen ven en sus casas ni en sus vidas; empezó la exposición con el perrito de cemento a la entrada, sin comida en el plato como muchos de los asistentes; de cómodo recorrido y una pertinente y constante asistencia del guía, esta sala de exhibición daba una bienvenida al espectador, incitándole a la participación, a colorear y a preguntarse ¿Qué cosa es la verdad?

En Casamata, si bien la llegada al sitio al Pie es traumática a la Tertulia es más comprensiva; y aunque esto sobra en una crítica “seria”, el aire acondicionado de la sala subterránea y su blanca adecuación al rito artístico generaban más comodidad; como una mujer maquillándose en un bus, la Tertulia acondicionó su espacio para la exposición. Con tantas obras expuestas fue necesario hacer un  laberinto muy “Soft” que ampliara el perímetro, creando más pared para colgar más obras; caían los gusanitos mil pies del techo y uno que otro crujía en el silencio hospital del museo cuando alguien lo pisaba. La verdad resultó ser que las obras no tenían su “circulo personal inviolable”, y en cambio estaban tan emparentadas las unas con las otras que los espectadores se preguntaban cuando eran del mismo artista y cuando no. Sin embargo creo que precisamente este hecho generó un sentido de conjunto que escapa a cada una de las obras expuestas, y es el sentido curatorial; más afortunado que el de “Camino Al Barrio”. La verdad escrita con letra punteada no era ni siquiera una palabra, eran unas líneas fantasma que todos leían sin importar su presentación.

Como toda gráfica es un fantasma, el espacio museográfico colgó en sus muros obras que servían para materializar el alma, a modo de epitafio, de un sentimiento estético que siempre ha inquietado a los filósofos y artistas: la verdad, su pertinencia y su necesidad. Hay algunas obras que no aportan mucho para tal fin y en cambio otras son tan pertinentes que uno creería que el artista pensó en la curaduría durante el proceso de creación (O se hizo la curaduría en base a dichas obras). Es el doble juego de la agrupación de obras bajo categorías, riesgosa para la obra en sí misma pero valiosa a la hora determinar un estado del arte en el contexto.

¿Qué cosa es la verdad?, 22 artistas plantean la pregunta, cientos de espectadores se la hacen, los curadores la promueven, el concurso de crítica busca la reflexión es decir, existe la necesidad de hacer que LA GENTE se planteé dudas; lo cual es pertinente en este momento donde procesos de auto-hipnosis llenan a todos de certidumbres, convencimientos y pretensiones. Sin embargo cabe preguntarse si esta reflexión se aplica entre los artistas y personajes del campo, es decir ¿están los artistas y maestros haciendo la reflexión constante? O señalar la falla en el mundo no es más que disimular la propia carencia de reflexión en muchos de ellos. Es difícil dirigir esta pregunta a alguien o algo en especial, así como es difícil dirigir la pregunta que le da nombre a la exposición, pues en últimas ¿Dónde está el eje?; ya Mcluhan reveló la relación entre Eje y Rueda y Foucault hace hincapié en la relación  Límite y Traspaso del Límite, y para no poner más denso esto en términos paisanos ¿sobre qué cosa gira la pregunta? Y es que si el nivel de incertidumbre es tan alto que no hay eje (lo cual es muy difícil), entonces pueden ocurrir dos cosas a mi modo de ver, la primera que se establezcan nuevos dogmas, más radicales, rituales de aparente libertad con una fuerza represiva tan grande que es imposible ver para afuera o ver otras cosas (Que a mi modo de ver, algo así está sucediendo); lo segundo que puede pasar es que la pregunta sea una pregunta ociosa, la pregunta de las mil especulaciones cuyo resultado fatal se evidencia en muchas aulas de clase (de Artes, por supuesto) donde se afirma que: “Si todo es relativo o subjetivo, para que discutir”, la muerte del debate, la negación de la formación-de-criterio en el proceder de reconocerle criterio a todo el mundo – la opinión es libre -, rehuir del debate y las discusiones bizantinas, cuando estas son las que mueven las ideologías cuando surgen en el seno de comunidades artísticas o intelectuales.

¿Qué cosa es la verdad? Es una pregunta que a su vez podría generar reflexión pues gana muchos ejes sobre los cuales disertar; pero existe el riesgo de que esta pregunta se vuelva la comidilla de moda en cierto contexto, el estandarte de una comunidad que todo lo duda, todo lo desacraliza, que habla de todo para nada, creo que estamos en una época donde ser sarcástico es mucho más fácil que antes.

¿Qué cosa es la verdad?, en la sala subterránea en el Museo la Tertulia, es una forma de abrir múltiples interrogantes con respecto a las artes en Cali. Los espacios “Instituciones Acaloradas”, “Vacío y Deseo”, “Ciudad Fantasma”, “Vengo por tu espalda” y “¿Qué cosa es la verdad?” le restaron fuerza a obras que por sí solas hubieran podido hablar mucho más, obras que en sus propios términos hubieran tenido más fuerza; por ejemplo en los cuadros de William Bahos, cuadros reunidos bajo la característica de “terror encarnado en rostros arrugados e irreconocibles” (dice en el plegable), descripción que ciertamente no le hace favor a la obra, ya que esta categorización reduce la obra al terror, el miedo y al estilo de la imagen ciertos productos culturales que giran en torno al terror; es un grave error, entre otras cosas porque los títulos de las obras son nombres propios, sugiriendo que son retratos aunque pueden ser otra cosa; el autor crea una imagen que no es la representación de un papel arrugado, ni es la representación de una foto quemada, ni una impresión desechada, ni son rostros en un sentido tradicional, es un dibujo difícil de circunscribir y por tal razón tienen la imponencia que tienen.  Estos dibujos son entonces un juego de manchas negras en alto contraste, compositivamente muy agradables, zonas muy oscuras y otras muy claras que sugieren los golpes de la luz en cabezas y rostros humanos, que vemos a diario. Si por otro lado la curaduría supone en estas obras el horror tipológico del desfigurado y la constante mirada del cuadro hacía uno como espectador (sentirse observado), bien estas características se hubieran podido relacionar con otras categorías más allá del terror y las películas.

Instituciones Acaloradas. Con un perro de cemento, faldero y dependiente se pone en evidencia cierta postura paternalista o proteccionista que se asume desde las instituciones artísticas; la burocracia y el debido proceso se vierte sobre los incontrolables causes artísticos; responsabilidad social para que no rayen los pianos, no dañen las paredes, no inunden las aulas ni quemen la academia, señoras y señores que no dejan experimentar, reprimen “la libre expresión” en la imagen de una tía, un papá, un novio, un jefe, un decano. Tanto amor molesta. Pensar la vejez, y sobre todo la vejez del otro, produce cierto malestar, asco y extrañamiento. El viejo entonces es distante, incapaz, lleno de costumbres y monotonías y tiene una envestidura de poder. En este juego de relaciones se mueven las piezas expuestas en “Instituciones Acaloradas”, la crítica a la envestidura y posición de algunos en la historia de las artes en Cali, que según el plegable, administraban los establecimientos como una finca. Y es que señalarlo es sugerir que hubiera podido ser mejor, que las políticas de administración no eran las convenientes para una “metrópoli” como Cali. Que esta ciudad de “avanzada” no tenía por qué corresponder a peonerías. El artista joven tiene el problema de enfrentarse hoy a la libertad absoluta, a una ilusoria libertad de expresión que le lleva a arbitrariedades conceptuales; por no seguir ciertos convencionalismos termina siguiendo otros sin darse cuenta. A mi modo de ver, la propuesta grafica pierde fuerza, pues los dibujos y el tema de los retratos (Dibujos de Mónica Restrepo) son una buena y graciosa ejecución por si solos.

Vacío y Deseo. “Aquí se ubican obras que han decidido no plantear ningún enunciado sobre el estado actual de las cosas”, la trampa está precisamente en que no hay postura cero y el enunciado sobre la cosa que resulta de la exposición se puede expresar como un “Porque si” que es muy diferente al vacío y al deseo. Acciones como rayar una pared (Petra, de J. Martin Rico) son reflejo de la neurosis artística actual, que sin embargo deja una obra inquietante e interesante, cuya finalidad que era la de manchar el resto de paredes del museo con grafito, no se pudo ejecutar; otra vez las señoras acaloradas impidiéndole al artista su expresión, sin embargo en esta ambigüedad gira la acción de Rico; la pared que termina pareciendo un angeo, que huele a lápiz, que mancha, que interrumpe, que da la bienvenida, un ni fu ni fa de la exposición que subraya su condición de “porque si”.

El imponente Oleo de Alex Rodríguez “Vacío y Deseo” le da el nombre a este espacio de la exposición y por si solo se convierte en una pieza contradictoria, trayendo tras de sí lo mejor de las encrucijadas artísticas. Oposiciones como Pintura/Banner, objeto del natural/objeto de fotografía, Lo mediato y lo inmediato, el carácter  realista de la representación, etc. En cuanto a la pertinencia política de la obra, que en ocasiones llama más la atención, cabe notar una postura frente a la publicidad y la opulencia de los nuevos espacios del hombre. Un tipo de ser humano que tiene como pagar para que no lo amotinen con otros seres vivos en favelas y barrios. Sin simplificar la obra de Rodríguez, pues a mi modo de ver no es un simple testimonio ilustrativo, creo que se puede hablar mucho de este cuadro, de sus obras y su estilo; estilo que no creo conveniente llamar hiperrealista, pues el arte y los artistas en el mundo están ya en otro lugar histórico, además de que estamos en una posición geográfica donde las cuestiones plásticas de la materia nunca se han planteado puras y alejadas de un Trasfondo. El Objeto No Incautado rodeado de gente y aire de Jorge Acero es el objeto como excusa de la más radical de las expresiones conceptuales, la tautología. Una especie de “porque si”. En Perspectiva de un rayón, a mi modo de ver, tanto como en Esta hoja todavía sirve las intenciones están aguadas y si hay algo interesante en estas obras, es un juego más propio de la publicidad (lo contrario a lo de Rodríguez, que con un juego artístico se plantea lo publicitario, en Vacío y Deseo).

¿Qué cosa es la verdad? Y “Ciudad Fantasma” son los espacios cumbre del pequeño laberinto subterráneo, obras imponentes como las de Herlyng Ferla y graciosas como los pescados y las acuarelas de lobos (Aguirre y Núñez). La obra de Sergio Zapata es el eslabón entre los dos espacios, pues sus baldosas en ruinas conversan con las dos temáticas, la naturaleza y la ciudad fantasma; incluso los bloques instalados tienen tanto peso que bien representan las ruinas completas del mundo, toda una ciudad, unos vestigios y unos insectos; un pedazo del futuro, caos de pisos a los cuales nadie trapeará con Sanpic; La pintura como mugre es la operación más importante de la obra, nadie quiere untarse, entonces invierten millones en rejas, cámaras de seguridad, anti-bacteriales, guantes, los jardines infantiles en el barrio Ciudad Jardín parecen Bunkers nucleares con un gusanito de fomi en la entrada, es el mismo enemigo invisible; nadie quiere el mugre, nadie quiere el arte, nadie quiere darse cuenta de sí mismo; creo que los insectos aplastados son un magnifico efecto del óleo, apelan a millones de años de evolución del asco. Pero hasta eso hay que negarlo, de ahí la fuerza de las obras de R. Sandoval, aunque en una operación diferente.

En Ciudad Fantasma, en mi opinión, las obras no son tan afortunadas, la serie de fotografías de Leonardo Herrera llamada Fiestas reúne unas serie de imágenes de las cuales se podría hablar tanto que resultaría tonto; de hecho a excepción de algunos aciertos como sombras, personajes de espalda, luces y los 17 vacíos en la vitrina, no veo más que fotos arbitrariamente agrupadas. No la entiendo y no me atrae. La obra de Herrera expuesta en Casamata parece del mismo talante, una obra que es más lo que no-expresa por si misma que lo que expresa, queda superflua; ni siquiera el esténcil ni la imagen de la fotografía le ayudan a Herrera a ganar ese “Espacio sin tiempo” de las situaciones en las que algo está a punto de pasar. Fiestas en una ciudad en estado de sitio, fotos al interior de las casas, situaciones donde no pasó nada, nada más allá de alguien con una cámara tomando fotos.

En ¿A dónde llevan los jardines en la noche?, J. Velásquez crea un grupo de imágenes algo desconcertantes, algo raro sucede en esas fotografías con la luz y la exposición, con el objetivo y con los focos. A parte del truco con Photoshop en el cual todo se expone, las sombras desaparecen, disminuyen los contrastes y se crea un color y entorno mágico y levemente surrealista, no creo pertinente adjudicarle la cantidad de connotaciones e interpretaciones que se le han venido sumando como la relación con los sueños, con el miedo, con la angustia, con el misterio, con la noche, pues creo que a toda imagen se le pueden crear numerosas relaciones; la obra habría que ponerla en cuestión desde su trucaje y el efecto que produce. Entre otras cosas no cabe hablar de ciudad fantasma, pues fueron tomadas en un conjunto residencial, una especie de pecera dentro del mar donde cambian las condiciones de la producción de la obra; los conjuntos residenciales tienen la característica de negar la ciudad siendo una ciudadela, con sus propias calles, seguridad y limpieza, administración y parque. Este hecho resalta la necesidad de valorar la obra más en la técnica y el resultado, que en sus numerosas connotaciones. En el plegable se anota que las obras no plantean un problema específico, sino que por el contrario son intentos de crear una atmosfera; en este sentido la obra de Velásquez es pertinente, sus imágenes son sutilmente extrañas.

En otro trucaje más obvio y expresivo, las impresiones de Marín juegan con tensiones propias del mensaje directo, de lo obvio en una propuesta más cercana al juego publicitario; Monumentos o Residuos, las ruinas y la burocracia separadas en un juego compositivo por planos, que a pesar de las distancias conviven en el mismo cuadro.

Camino al Barrio y ¿Qué cosa es la verdad? entonces se constituyeron como el marco de algunas problemáticas que giran en torno al arte en la región “Zona Pacifico”, con la presencia de obras muy buenas junto con otras a las cuales, a mi modo de ver, les falta mucho para ser testimonio, no logran ser muestras de un gran arte local; En algunas obras falta mucho para considerarse acontecimientos artísticos pero en otras se nota la conversación y la divagación propia de un arte constituido, importante y con estilos abiertos a la evolución. La curaduría de este salón regional se conjuga en temáticas superficiales, hace uso de comparaciones y categorizaciones que alteran la fuerza de muchas obras, intenta ayudar a otras obras no tan buenas a figurar en el salón, a fuerza de exponer. Creo que no es conveniente reducir el sentido de una obra en una comparación con cierto tipo de películas, ya que las películas son como la vida y no al contrario; aunque sabemos que hoy se entiende la funcionalidad del ojo en su parecido a una cámara fotográfica, y no al revés, como si todos tuvieran cámaras y ya no ojos. Estamos en una región lejana del centro del mundo, lejana del cielo del cual ya Cali no es sucursal. Mientras tanto aumentan las motos en las calles, disminuye la esperanza, no caen ya ni las migajas de una economía, matan varios cebolleros en la galería de Santa Elena, llegan containers con baratijas chinas, crecen la ciudad en su periferia, oportunismo, corrupción, etc, por ello y por todo lo demás ¡creo que es un escenario idóneo para el arte!

Advertisements